Madrid Capital de Tabarnia e Isabel Díaz Ayuso su Presidenta en la Capital del Reino de España
De acuerdo con la información del ESPAÑOL, “Isabel Díaz Ayuso compaginará su labor como presidenta de la Comunidad de Madrid con la de presidenta de Tabarnia en la capital. El 6 de septiembre, la Asamblea Nacional de Tabarnia (ANT) investio a Ayuso con su nuevo cargo, y nombrará a los primeros embajadores en Madrid.
Tabarnia es un movimiento ciudadano que fundado en 2018 como respuesta al nacionalismo catalán. La plataforma reivindica el «derecho» de aquellos catalanes que «no quieren dejar de ser españoles», y reclama la creación de Tabarnia, una nueva región del reino de España formada por comarcas de Barcelona y Tarragona y, por tanto, independiente a la ‘república catalana’. Esta es la propuesta del nuevo Mapa de Cataluña.

Ahora, la ANT amplía su representación en el territorio español. Isabel Díaz Ayuso se convertirá en la primera presidenta autonómica de Tabarnia, aunque la plataforma espera que no sea la última. Según ha podido saber EL ESPAÑOL, la Asamblea está «tanteando» a otros políticos para replicar el nombramiento en otras Comunidades Autónomas.
El nuevo título de Díaz Ayuso será honorífico, pero «muy importante» para el movimiento, de acuerdo con el presidente de la Asamblea Nacional de Tabarnia, José Luis Martín.
Según Martín, el independentismo «no es un problema catalán, sino español», y por lo tanto necesitan de apoyos a nivel nacional. Isabel Díaz Ayuso parece la elección idónea, ya que, actualmente, es difícil encontrar políticos «sin pelos en la lengua«, y la presidenta madrileña «es uno de ellos».
Además, la relación entre la Comunidad de Madrid y Tabarnia se remonta a 2018, año en el que la plataforma constitucionalista se presentó en la capital, cosechando una «buena acogida entre los madrileños».
La «resurrección» de Tabarnia
El nombramiento de Díaz Ayuso supone la vuelta de Tabarnia a los diarios nacionales, tras meses de silencio mediático. El presidente de la ANT afirma que esto se debe a la labor de los partidos políticos constitucionalistas, que «han intentado olvidar y que se olvidase» este movimiento constitucionalista.
En un momento en el que el independentismo «parece que está flojito», la ANT trabaja en «resucitar el espíritu de Tabarnia«, y presentará durante el evento del 6 de septiembre de 2022 las «leyes y pasos que se están dando» para trabajar en la desconexión y el idioma, y es que los taberneses defienden la implantación del latín como lengua oficial en Cataluña.
Además, José Luis Martín considera la resistencia de su movimiento especialmente importante «teniendo en cuenta el Presidente que tenemos, que es socio de los nacionalistas«, refiriéndose a Pedro Sánchez.
La investidura de Isabel Díaz Ayuso como presidenta de Tabarnia en Madrid se llevo a cabo durante una gala celebrada en el restaurante El Jardín del Mar. La Asamblea aspira a que el almuerzo sea multitudinario, y animan a acudir a todo aquel que sea «facha, ñordo, tabernario y español«.
En el evento, presidido por la propia Ayuso,según estaba planificado, participaron algunos de los rostros más conocidos del gobierno tabernés: Albert Boadella, presidente de Tabarnia; Juan Carlos Girauta, Miquel Jiménez o Tomás Guash, entre otros.
Además del nombramiento de la presidenta madrileña, la gala del 6 de septiembre «resaltó» la marcha de Carles Puigdemont en el capó de un coche, y se hará una ofrenda floral a Cristóbal Colón, quien, «según los independentistas, era catalán».
Asimismo, se se pretenderá la investidura de los primeros embajadores de Tabarnia. Asumirán el cargo el torero José Ortega Cano, la actriz Mónica Pont, el presentador Javier Cárdenas, el músico Alejandro Abad y los integrantes del Dúo Dinámico, Manuel de la Calva y Ramón Arcusa.”.
Según se indicaba en Eldiario.es, «el próximo 6 de septiembre Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, se convertirá también en presidenta de Tabarnia en Madrid, certificando la decisión que la Asamblea Nacional de Tabarnia tomó hace un año, tomando en consideración las palabras de nuestra presidenta en el sofá de Bertín Osborne, donde defendió “el estilo de vida tabernario”. En Tabarnia son de vocación neutral y poco menos que apolíticos pero, al fin y al cabo, solo una letra separaba la unidad de destino en lo universal de ambos universos políticos.
La ceremonia se certificará en un restaurante denominado El Jardín del Mar de Madrid, una elección que rima históricamente con aquello tan madrileño de espetar a coro “¡y qué, y qué!” cuando suena en las fiestas del pueblo el estribillo “Aquí no hay playa, vaya, vaya”.
A la nueva presidenta del país performativo de Tabarnia en la capital del Reino, le corresponde el honor de elegir embajadores aquí. Ayuso, haciendo uso del comodín del madrileñismo expansivo, ha nombrado a un cartagenero (José Ortega Cano), tres catalanes (Javier Cárdenas, Manuel de la Calva y Ramón Arcusa), una leonesa (Carmen Lomana) y un hispano-chileno (Alejandro Abad). No sabemos si los eligió cuando se le propuso el honor hace un año, porque agarrarse a estas alturas al himno pandémico del Dúo Dinámico parece algo extemporáneo. El cuerpo diplomático es, en todo caso, muy del gusto del populismo político que puebla el prime time familiar en España, del plató de El Hormiguero al casoplón de Bertín.
Recordemos que Tabarnia es un neologismo creado a partir de los nombres de Tarragona y Barcelona para nombrar una supuesta propuesta de reordenación territorial de Cataluña y pedir la unión –secesión– de una decena de comarcas presuntamente españolistas. Entre lo satírico y lo bufonesco –la investidura de Albert Boadella como presidente impide eludir el adjetivo–, cuenta entre sus próceres con Tomás Guasch, Miquel Giménez, Juan Carlos Girauta o José Mª Fuster-Fabra, que estarán arropando el día 6 a la nueva presidenta junto con el propio Boadella. Todo un coro de testosterona para la lideresa.
Una gran broma de servilleta en cuello y toallitas húmedas de marisco que, sin embargo, conciliará alrededor de la mesa algunas de las líneas maestras del discurso ayusista y sus influencias: el intento de adhesión alrededor de un nacionalismo madrileño de ¿nuevo? cuño y su retroalimentación en el marco del procés catalán.
El hallazgo del nacionalismo madrileño tuvo su cénit en la campaña electoral de 2021, y se edificó sobre el sustrato del Madrid de los balcones tapizados de rojigualda durante la crisis del 1 de octubre. Es, como la propia broma tabarniense, una reafirmación del nacionalismo españolista –que es lo que siempre fue el madrileño–. Como todos los nacionalismos que buscan una rápida adhesión, el teatrrillo se basaba en una querella común, la madrileñofobia, y en unos supuestos elementos culturales cohesionadores, el estilo de vida a la madrileña.
La madrileñofobia. La imagen –real o imaginada– de madrileños escapando durante la pandemia a sus segundas residencias y el imaginario de Madrid como una isla resistente, con las alas de sus habitantes cortadas por el cierre de las comunidades de su alrededor (algunas gobernadas por el propio Partido Popular), hizo que la habitual (medio) broma de los madrileños como una plaga de verano dejara de tener gracia. Una excusa perfecta para el victimismo, a sumar al particular “España nos roba” del paraíso fiscal capitalino.
Y el estilo de vida a la madrileña, que es la explotación comunicativa de la arrogancia propia de la capitalidad y el tradicional tono campechano de la clase política madrileña. Porque la campechanía es el tono del buen político madrileño de cualquier ideología. Recuerden a Álvarez del Manzano, a Barranco, a Esperanza Aguirre o a Manuela Carmena. Hasta Tierno lo intento, aunque le saliera regular. Resulta que a la madrileña era salir de cañas e ir de terrazas y así se lo reconocen ahora los habitantes de Tabarnia:
“Que siendo nosotros partidarios de la inmersión en latín, admiradores del bocadillo de calamares, entusiastas del botellín de Mahou y queriendo adoptar al chotis como danza nacional tabarnesa, le rogamos acepte nuestro nombramiento como Presidenta de Tabarnia en Madrid”. Un juguete nacionalista que, como todos, explota el orgullo propio de ser como se es, aunque seamos como el resto. Porque, ¿no van en todos lados de cañas, aunque aquí las tiremos mejor?
“No hay nacionalismo madrileño, pero Madrid no se toca y los bolsillos de los madrileños no se tocan”. Estas palabras, pronunciadas por la propia Isabel Díaz Ayuso obedecen no solo a la máxima de los nacionalismos dominantes de negar su propia existencia (como la broma tabarnesa, sin fanfarria el madrileño es en realidad nacionalismo español), también es un ataque súbito de sinceridad. El apoyo popular al PP madrileño, pese al tocho de sentencias y evidencias de corrupción, tiene que ver menos con el manido y poco explicativo “a sus electores les da igual” que con el hecho de que estos saben que dichas corruptelas son las constatación de que el liberalismo del PP madrileño ama el Estado y la redistribución: que se lo reparten entre los suyos, en mayor o menor medida, las llamadas clases medias (las reales, que no en las aspiracionales).
Siguiendo con las informaciones del Eldiario.es, Ayuso es la estudiante de la Complu a la que le gusta el indie, con una imagen más asimilable a la de la clase media sobre la que sustenta su hegemonía el PP de Madrid que a los linajes rancios del barrio de Salamanca que pueblan las listas electorales del partido. Es la cara renovada del experimento aguirrista subrayado con las formas, ahora trumpistas, de Miguel Ángel Rodríguez ( conviene recuperar Spanish neocon. La revolución conservadora de la derecha española.). Por eso, mientras que el Ayuntamiento de Madrid se dedica a afirmar el nacionalismo español erigiendo estatuas a los Tercios, el ayusismo acentúa sílabas del clasemidianismo como la enseñanza concertada. “Vivir a la madrileña te permite elegir el colegio independiente de donde vivas, permite que el padre de la zona más humilde, más deprimida, pueda llevar a sus hijos a estudiar en La Moraleja”, dijo en una ocasión.
El nacionalismo madrileño y ayusista no es otra cosa, en suma, que una actualización comunicativa y oportunista del nacionalismo español de toda la vida (a veces se pasa de frenada e intenta censurar los contenidos de los libros de texto, por ejemplo); y los madrileños que comulgan con él, ofendidos porque nos tienen envidia y orgullosos de la ciudad “del buen vivir”, entran al trapo de la ocurrencia entendiendo perfectamente que lo es. Algunos porque pillarán cacho en la rijosa sobremesa de la proclamación de la nueva presidenta de Tabarnia, otros porque han llevado al niño a un concertado con la esperanza de que algún día pueda chupar las cabezas de las gambas junto a la siguiente generación de tebernienses. La libertad de medrar en una barra de estaño como estampa del madrileñismo».
Para terminar estas anotaciones, tan solo nos queda preseentar el nuevo Mapa Politico español con la incorporación de Tabernia. Una badera más en el panorama político nacional.

